

A veces es muy difícil sentarse a describir sentimientos, sensaciones y pensamientos, a veces las palabras se agolpan en la mente pero ni el poeta más ducho es capaz de perfilarlas. A veces las frases no tienen orden y son meras ideas, metáforas que no llegan a alcanzar la profundidad del alma. Pero todo ello toma una línea argumental cuando lo canta César Rodríguez. Se hace el silencio, y suenan unos acordes tímidos de guitarra, medio sonríe, con timidez y descaro a la vez, y cuando comienza a cantar el tiempo se detiene, los segundos se congelan y solo puedes sentir. Es vergonzoso y sinvergüenza, serio y gracioso, romántico y loco, real e inalcanzable, lo mismo te encoge el alma que te hace explotar en carcajadas, las historias cobran vida a través de su voz, y de nuevo revives amores pasados, imaginas amores que vendrán y te transporta a un mundo de ensueño. Cuando te quieres dar cuenta han pasado las horas y tu sigues tarareando entre dientes esa melodía que resuena, como notas sueltas de un cuento sin final. Conocí a César a través del boca a boca, y con una mezcla de curiosidad e inseguridad me acerqué a un concierto, a comprobar si realmente era tal y como me habían contado, pero la realidad me superó, y desde ese día César pasó a formar parte de mi selección habitual. Entonces fue cuando me propuse escribir sobre él, y aquí es donde se me planteó el problema serio: ¿Escribo sobre el cantautor? ¿Escribo sobre el César más humano? Y es que cuando vas conociendo a alguien pierdes la imparcialidad (esta frase la robé de David), cuando ya no es solo la música lo que te mueve, sino la naturalidad, la humildad, esa sinceridad con la que baja del escenario y se queda a charlar, esa sonrisa pícara cuando te reconoce, esa memoria bárbara que tiene para cada guiño de encuentros pasados, entonces ya no es fácil presentarlo, porque hasta las anécdotas mas nimias te arrancan una sonrisa, porque la distancia ya no hace el olvido. Sólo me queda un recurso, invitaros a verle en directo, a dejaros llevar, a sentir sin miedo, y luego juzgad vosotros mismos.
P.D. César, simplemente gracias por ser el medio para alcanzar sueños y recuerdos, gracias por las palabras, la espontaneidad. Gracias por ese César 100 por 100 humano.