César Rodríguez

Letras y acordes

Fotos varias

Parsons

Sí, lo sé. Soy uno de los muchos que se desvive por estar todas las noches frente a la cerveza de turno rodeado de gente para hablar de cosas tan sumamente importantes que no duran ni doce horas en el recuerdo. Intentar calcular cuánto vale un ambiente cotidiano frente a una barra de bar es, a todas luces, incalculable. Y sobre todo, conscientemente jamás lo cambiarías por nada, y como consecuencia piensas que no es mejorable, hasta que notas que ciertos días, los cuales tristemente son muy escasos, esos bares se visten de gala invisible.

Ciertos días, descubres que la forma de expresar las diferentes inquietudes y comunicar sensaciones a la persona de al lado puede realizarse de formas que antes notabas como incompletas, o como poco, no creíbles. Y descubres que nunca has estado más lejos de la realidad...y sobre todo entiendes lo que puede significar un hacer musical distinto al que tenías planteado...
Aficionarse a este nuevo mundo es muy complicado, porque te crea inconscientemente un espíritu crítico que es tan infinitamente injusto como el más acertado, ya que no se puede calificar el trabajo de alguien a través de una opinión personal, pero lo que si se puede hacer es un balance de lo que interpretas sobre lo que escuchas.
Por eso son pocos los días en los que tu queridísimo lugar de charla intranscendente se convierte en una gala auditiva. Y ciertamente, uno de esos días es cuando César llega para deleitarnos con una hora de música que parece que dure minutos. Y durante ese tiempo, escuchas letras acompañadas de unas tremendas armonías que comunican de forma arrolladora, con una personalidad tal, que es capaz de arrastrar a cualquiera a plantearse su propio juicio, por la gran elaboración musical, tan sumamente complicada de realizar, que ofrece César en sus canciones. Soy una persona complicada, creo saber. Todos tenemos un grado de complicación exclusivo, pero, el estar de acuerdo durante los minutos que escuchamos sus temas, hace que el mérito se eleve a su enésima potencia, y por muchas diferencias en gustos que haya, nadie puede dudar que el talento está presente en lo que estás oyendo, y sobre todo en lo que estás viviendo.

Pero luego, cuando la música ha terminado y está fuera del escenario, comprendes que estás ante una persona con la que puedes hablar de cien mil cosas, puedes contar con él para otras trescientas mil, y reír hasta saciarte, y que te duelan las costillas de no poder reir más, con su peculiar y genuino sentido del humor.
No soy persona de adjetivo fácil ni de retórica adquirida, es por eso que no será complicado entender que en mi sentido crítico crea que César es un increíble refresco y una increíble innovación a la parsimonia de la música actual. No voy a caer en comparaciones, porque siempre son armas de doble filo. Tampoco quiero que esto se tome como una referencia. No sería justo. Es lo que yo pienso, porque creo que una de las cosas que aprendes escuchando a César es que cada uno es un mundo, y ante todo cada uno primero habla para sí mismo, y después, lo comunicas como creas preciso, a sabiendas de que la gente esté de acuerdo o no. Pero ante todo, fidelidad.

Egoístamente quisiera que César siguiera en este círculo de actuación continuada...pero tarde o temprano, el talento tiene que ser transmitido. Debe ser transmitido. Y tengo un miedo horrible a que uno de estos meses descubra que mi lugar de antiguas cervezas y conversaciones banales no se vista más de gala...aunque creo que César se ha ganado el que todos debamos escucharle y nos deleitemos con su música. Porque si hay algo de lo que estamos faltos, es de talentos que sepan transmitir y hacer cambiar la opinión generalizada de que todo ya está dicho y que no hay nada más. Nunca he estado tan equivocado, y si algo ha conseguido César hacia mi persona, es que le esté eternamente agradecido de que me haya mostrado que hay mucho más, tanto a nivel de su música como de su persona. Gracias, César.


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