

«Poco a poco el concepto de matrimonio tradicional español se va modificando y la igualdad se va abriendo el debido paso a la hora de compartir los derechos y deberes de los miembros que lo componen. Desgraciadamente, aún queda mucho camino por andar y esta historia se sigue repitiendo...»
Manolo,
un hombre fuerte,
ahora ya tiene barriga y pasa de la gente.
María,
una tía alegre,
dio de lado a sus amigas para ser independiente.
Y todo va mal,
no va tan bien como se fue a prometer.
Y nunca querrán volver a ver
dar sus brazos a torcer.
María, abre la puerta,
¿es qué no has oído el timbre?
Será alguna vecina pa’ decir que no te grite.
Aquí el que manda soy yo
y no me daré la vuelta
y si esto no te gusta,
ahí detrás tienes la puerta.
María, tráeme algo de ropa,
haz tú todo el trabajo mientras yo tomo una copa
en mi sillón,
sentado,
viendo fútbol codificado.
Con el mando en la mano soy el amo.
Cambiaré de canal
cuántas veces me apetezca.
Cariño, tú que estás más cerca,
tráeme una cerveza fresca.
Estoy harta y obligada, me siento esclava,
por unos sucios pantalones
mi vida ha sido truncada.
Esto no es lo que yo quería, no.
Recuerdo una vez que lloré cuando me prometías:
seremos un equipo, trabajaremos juntos,
tendremos muchos hijos y nos querremos mucho.
Qué ironía, hay que ver cómo es la vida.
Apenas te das cuenta y te destruye la rutina.
Aún no ha pasado un año desde el día del altar
y ya me estoy pensando si me quiero divorciar.
No es bastante que el dinero venga en su bolsillo
para mantener en pie este montón de ladrillos,
que más que hogar es una cárcel con cadenas invisibles.
Yo no quiero estar de más,
quiero volver a ser libre.