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Es uno de los cantautores que actúan periódicamente en los bares del circuito madrileño. Nació en el barrio vallecano de Entrevías hace 28 años, y asegura que no sabe (ni quiere saber) qué es la fama. Sin embargo, son muchos los seguidores que se dan cita puntualmente cada vez que César Rodríguez da un concierto en una de las míticas salas madrileñas. Esta noche volverán a recrear la magia de esos encuentros.
Cuando llego al Búho Real ya está esperando, puntual, sentado en una silla al fondo del local, junto al escenario. Ya ha hecho la prueba de sonido para comprobar que todo va como la seda, que el concierto de esa noche va a ser tan bueno como el anterior. Se levanta enseguida, al ver que es conmigo con quien concertó esta cita hace ya algunos días. Por su cara de sorpresa y casi me atrevería a decir que desconcierto, deduzco que quizás esperaba a alguien distinto, pero enseguida disimula y con una amplia sonrisa me estrecha la mano, haciendo un gesto con el que me invita a tomar asiento. Darío, el dueño de uno de los bares más míticos de la capital madrileña dentro del ámbito de la canción de autor, El Búho Real, mira divertido hacia nosotros, desde la fortaleza de la barra, justo al lado de esa gran estantería delante de la que se detienen los que van por primera vez al bar. Porque es para pararse ante ella: contiene cientos de figuras de búhos que han ido recopilando a lo largo de los años. Darío nos trae las bebidas y le dice a César algo al oído, algo que no alcanzo a escuchar, pero que hace que el cantautor lance una sonora carcajada que sobresalta a una pareja sentada unas mesas más al fondo.
A César se le nota en los ojos el cansancio que se acumula cuando vienes del trabajo. Porque él, a diferencia de otros con los que comenzó a subirse a los escenarios, no vive de, por y para la música, si no que ha de compaginarlo con otra profesión. «Mi propósito es emplear todo mi tiempo en la música y dedicarme a ella de manera plena, hasta el momento no he tenido problema en llevarlas las dos tareas a la vez, aunque he de reconocer que no es tarea fácil... si ya es difícil rendir al cien por cien en una profesión, imagina dos.»
El mundo de la música es complicado, y si no que se lo pregunten al bueno de César, que lleva años soñando con grabar un disco. «Cada día pienso en ello. La canción de autor es un género minoritario desde el punto de vista comercial por no estar respaldada por los medios de comunicación ni por los grandes sellos discográficos que, hoy por hoy, manejan las cuerdas del mercado en este país. No creo que esto sea culpa de nadie, pero sí es verdad que actualmente, y desde hace mucho tiempo, la canción de autor se asocia al género de la canción protesta y, en general, con el escenario en el que se enmarca al cantautor que se sube a él con su guitarra y la voz para reivindicar una serie de cosas que le parecen injustas o que le afectan directamente. Esto en un principio, parece que no genera mucho dinero y que no le interesa a los grandes sellos.» Hace una pausa para abrir la botella de agua que tiene ante sí. Nota mi mirada fija en el vaso y sin saber por qué, se excusa sin motivos. «No me gusta exponer las cuerdas vocales a temperaturas extremas antes de un concierto y no suelo beber alcohol, salvo un buen vino en contadas ocasiones.» Aprovecho que está bebiendo agua y le lanzo un dardo casi envenenado que esquiva estoicamente. Me mira, casi desafiante y comienza a hablar con convencimiento. «No hay duda de que si un programa televisivo arma el revuelo que en su día armó, ya merece cuanto menos un poco de respeto, al menos por mi parte. Para vender discos tiene que haber alguien que los compre, y si se vendieron, fue porque alguien los compró. A mi parecer, las compañías no arriesgan en el sentido de que no sacan a un artista desconocido por temor a fracasar en una inversión concreta... Supongo que será más fácil vender el disco de alguien que sale 24 horas al día en televisión.» En su voz se observa cierto resentimiento. «Que quede claro que lo digo por mí... porque llevo diez años currándomelo por mi cuenta y aún está por ver que se acerque alguno de los peces gordos con un contrato como es debido para darme la oportunidad de poder pelear a la contra en el futuro.» Da otro sorbo de agua, como intentando alejar el desasosiego que esta reflexión le provoca. «Y qué te voy a contar sobre la piratería... creo que siempre ha existido y siempre va a existir. Y muchos de los que protestan por ella tienen el ordenador repleto de mp3. ¿Quién no copió alguna vez una cinta de cassette? El derecho a la copia personal existe. No es tan fácil este tema... Creo que el problema no es uno sólo, pero habría que debatir sobre esto durante mucho tiempo y... bueno, yo creo que tenía un compromiso esta noche... creo que daba un concierto, ¿no?» me dice con un guiño cómplice.

Gracias a la ayuda de unos amigos, César, que no se lleva muy bien con la informática, logró poner en funcionamiento una página web (www.cesar-rodriguez.com) a la que acceden multitud de personas que desean conocer un poco más sobre este cantautor que, después de escucharlo, tanto gusta a los amantes de la canción de autor. Después de cada concierto son ya habituales los debates en el foro de la web, dónde tienen lugar verdaderos análisis exhaustivos del concierto tan sólo unas horas después de que éste tenga lugar. César es uno de los visitantes asiduos de su propio foro, aunque intervenga en contadas ocasiones y para compensar, de vez en cuando manda "regalos" a los aficionados, como hace unos días, cuando envió a los registrados en el foro una nueva canción. Y es que a César Rodríguez no se le escucha en ninguna radio comercial. Quien conoce su música lo hace, generalmente, a través de un conocido que ha dado con él antes porque otro alguien le ha dicho que... y así continúa la cadena. De ahí el encanto de sus conciertos: parece que están hechos para los amigos más íntimos, para todos aquellos que, en la complicidad, comparten algo más que el gusto por la buena música. Y todos ellos, acuden a la citada web para descargar las canciones o ver cual ha sido la última que se ha estrenado. Es un punto de encuentro obligado para todos. «De hecho, si no fuera por Internet y los mp3, yo no podría encontrar mucha música que en España no se edita y yo recibo muchos mails de seguidores y seguidoras que me dan las gracias por lo que hago. Internet es el nexo entre ellos y yo. En general, creo que nos ha beneficiado a muchos artistas que no nos podemos dar a conocer de otro modo, aunque ante los medios de comunicación hay que decir lo contrario. Antes que músico, soy público y entiendo que es difícil comprar un disco a 24 euros... Cuando yo voy a las tiendas de discos, no puedo improvisar comprando compactos de grupos o artistas de grupos que no conozco... Para un bolsillo normal el precio es muy alto. En cierto modo entiendo a la gente que compra discos en la calle aunque nunca lo haya hecho ni lo vaya a hacer. La gente, como es lógico, quiere seguir escuchando música en sus casas y no son ellos los que han de buscar la forma de no hacer daño. Ni siquiera los artistas deben buscar la forma. Son los que tienen agarrados los hilos quienes deben mover esa ficha.»
A lo largo de la entrevista toma una posición más relajada en la silla, se siente cómodo, la conversación es agradable, y el ambiente distendido se transmite hacia todos los que están alrededor. La gente mira curiosa y algunos señalan. "Mira, ese de ahí es César", susurra una joven a otra, que, por los restos de conversación que nos llegan, parece que viene desde Córdoba para ver este concierto. César se ruboriza, pero en su interior, le cosquillean esos nervios mezcla de culpabilidad, mezcla de orgullo por los que canta. "Me han pasado muchas cosas con los seguidores" mientras hace memoria. Parece que se ha acordado de algo divertido, porque sus ojos verdes se pierden en las arrugas de la sonrisa que acaba de esbozar y que cada vez se hace más amplia. "Recuerdo una vez, que iba en el metro. Serían las 8 de la mañana. De pronto se me acerca alguien que me preguntó "-¡¡¿Eres César Rodríguez?!!, a lo que yo le contesté '...a estas horas yo no soy nadie'" Ríe con una risa sana, contagiosa, al acordarse de su respuesta. "Al final nos pusimos a hablar durante un par de estaciones". Otra de las anécdotas más conocidas (la recuerda a menudo en sus conciertos) es aquella que le sucedió en el chat de su propia página. "Cuando comencé a entrar en los chats, descubrí que en el IRC Hispano (un dominio bajo el que se engloban diversos chats de temática variada) había un chat que llevaba mi nombre, así que entré y me puse a hablar con la gente tranquilamente. Cuando dije que era yo hubo un cachondeo a mi costa... me hicieron un interrogatorio así en plan 'Si eres César, si es verdad que eres César... ¿qué canción cantaste la última en el concierto del día tal...?' Algo impresionante... les contesté que eso ni el propio César lo sabría y... me echaron. Sí, ¡me echaron de mi propio canal!" César ríe divertido cada vez que cuenta esta anécdota.
La hora del concierto se acerca y César mira de reojo la guitarra, que está en el escenario, junto con las demás cosas del concierto. La vigila celosamente, con disimulo, pero sin perderla de vista. El tono glauco de sus ojos se vuelve traslúcido, deja entrever los nervios de antes del concierto, pero no deja que se apoderen de su voz. "Cada vez que uno se sube al escenario se sabe que pueden suceder muchas cosas... pero nada tendrá que ver con ninguna otra cosa. Lo que pretendo es que durante el tiempo del concierto pasemos un rato agradable en el que haya lugar para todo tipo de emociones. Cuando se apagan las luces vuelvo a ser el mismo de antes de la prueba de sonido. Así cada vez."

Han sido muchas veces, desde que hace ya diez años decidiera que cantar era lo suyo. "Mi primera canción... ni la conservo ni la recuerdo, hace muchos años. ¿Y la primera vez que canté en un escenario? Fue aquí en Madrid, en una pequeña sala de teatro, junto otros artistas que no recuerdo, no he vuelto a saber nada de algunos de ellos. Supongo que comencé a cantar porque era una manera de expresarme que ya le había visto a otros. Mi familia no puso caras raras, no se sorprendieron mucho. Quizás tanto como lo estaba yo. Al principio no me tomaron muy en serio, fue mucho después de anunciarlo cuando se convencieron. Nunca se anuncia. Mira, cuando ves a alguien que invierte mucho tiempo rellenando lienzos de colores, dándole formas que son desconocidas para ti es cuando piensas que quizás que a esa persona le guste la pintura o quiera dedicarse a plasmar sus ideas en cuadros para ser reconocido como un buen pintor algún día. Yo comencé sacando de oído canciones de otros, lo primero que interpreté no lo recuerdo, pero seguro que era alguna versión de una canción más o menos conocida y que para todo el que haya tocado alguna vez una guitarra no tendrá la mayor dificultad". Bromeamos sobre ese hecho cuando le confieso que he sido incapaz de tocar una canción completa a la guitarra. Para él no es tan complicado, no en vano, se ha formado con canciones de los mejores cantautores: Silvio Rodríguez, Javier Ruibal, Alejandro Filio... Y luego comenzó a escribir sus propios temas que canta en los conciertos. Al hablar de ellos surge el tema del compromiso social que tienen todos los que se dedican a la canción de autor. "Uno coge su guitarra para protestar por lo que no le parece justo o para contar lo que sucede a su alrededor", comenta mientras juega con la cejilla que dentro de un rato usará en su guitarra. "No creo que se me den bien del todo los temas sociales, pero a veces la necesidad interior de tener que expresarlo es lo que lleva a escribir ese tipo de canciones... Hay temas difíciles de tratar y creo que hay veces que se tratan sin poseer una base inicial o, directamente, sin tener ni puta idea... perdona la expresión, pero como dice mi padre: 'hay cosas que de otra manera no se pueden expresar con exactitud'. Lo que quiero decir es que hay muchas canciones que no se las cree ni su propio autor. Soy de los que piensan que es muy bonito hacer la revolución desde el sillón de casa, pero personalmente no me lo trago." Dice que se le dan mal los temas sociales, pero no es eso lo que perciben aquellos que escuchan temas como Barrio, Pensarán o El blues del mosqueado.
Y es que la canción de autor es un género que se ha estereotipado en exceso. Suelta la cejilla encima de la mesa con gesto cansado, como quien ha contestado miles de veces la misma pregunta sin que le escuchen: "La canción de autor nace donde nace aunque haya a quien no le guste. Había una forma de luchar cantando y así se hizo, además, de una forma ejemplar. En la actualidad las cosas han cambiado pero aún quedan cosas que no están tan bien como se nos dice. Creo que la palabra 'cantautor' está asociada más a una ideología política que al tipo que canta lo que compone". Se ofende cuando ironizan sobre los cantautores. "Ese momento utópico que dicen (que haya igualdad, buen gobierno y que tengamos a la chica de nuestros sueños) ni va a llegar nunca ni creo que sea lo que busca el género de la canción de autor. Del mismo modo que no me identifico con la definición de juventud en que algunos se empeñan en encuadrarnos. Apolíticos, apáticos... no me considero tan viejo y en absoluto me siento identificado con eso que dicen. No es esa la situación que yo percibo".
El local se va llenando poco a poco, las sillas no son suficientes y son muchos los que han decidido sentarse en el suelo con el fin de disfrutar el concierto de manera plena. Aún queda un buen rato para el concierto, pero la gente que va a ver a César sabe que merece la pena el ir antes y sentarse en el suelo. Entre el público, hay algunas voces conocidas entre los aficionados de este género. Son cantautores que compartieron escenario con César, que lo harán esta noche o que en un futuro podrían compartir unos momentos con él. Entre la amplia discografía de César que pulula por Internet, que no es otra cosa que grabaciones de los seguidores han realizado y compartido por la red para que todos los aficionados puedan disfrutar de la música de César hay grabaciones casi míticas de temas de y con otros, como Bichos con Fran Reca, Hoy muero por ti con Antonio de Pinto o la versión que hace de Luz de Escenario, un tema del citado Reca. "Hay veces que me han felicitado por canciones que no son mías o al revés, que han asociado una canción que escribí yo a otra amigo. Han versionado muchos de mis temas y lo que es mejor, he tenido la suerte de escuchar algunos de ellos. Siempre ha sido una sensación de agradecimiento mezclada con responsabilidad. Es tal el regalo de haberlo escuchado que no puedo entrar en valoraciones sobre si son mejor o peor interpretadas." Comienza a sonreír de nuevo. "También me han cambiado muchos nombres de canciones... como tú has hecho antes". Y empieza a reír abiertamente dejándome desconcertada, hasta que recuerdo que la canción por la que le pregunté antes, María y Manuel se llama en realidad Manolo y María... Y es que después de ver las canciones que circulan por Internet una ya no saber por qué preguntar. Canciones conocidas como Veras como al final, han sido catalogadas como Ya verás, Al final, Por qué... Temas que César ha escrito poco a poco, a lo largo de su vida, tomando un poco de aquí y otro de allá, prestando atención a todo lo que sucedía a su alrededor para plasmarlo en sus composiciones. "Me gusta mucho escribir. Estoy continuamente analizándome, a diario y casi a todas horas. Me gusta hacerlo porque tengo la sensación de que así siempre pisaré el suelo que me corresponde. Creo que la inspiración está en cualquier lugar. Tengo muchísimas canciones sin acabar, unas veces la letra, otras la música... Y cada una nació en un sitio diferente, algunos verdaderamente extraños. Mis canciones tienen mucho de autobiográfico... imagínate, muchísimo. Aunque se trate de historias que no le suceden directamente a uno mismo, sí que en cierto modo se ve reflejado en ellas de forma directa. Creo que cualquier compositor que escribe las canciones que canta se siente autobiográficamente desnudo por hablar de sí mismo en ellas.
En sus letras, César escribe temas que todo el mundo siente. Historias que todo aquel que quiera puede hacer suyas. Amor, desamor, Arrepentimiento (una de las canciones que más le piden en los conciertos), esperanza... sensaciones que se meten en los huesos de quien habla y le hacen ver que no es el único que las siente. Ahí está la magia de la música de César, que quien la escucha se siente identificado al momento con ella. Porque habla de la vida cotidiana. De lo que sucede en tu ciudad, en tu propio barrio... "Yo soy de Entrevías, un barrio de Vallecas en el que se respira un ambiente vecinal, tranquilo, muy de andar por casa. Cualquiera que pase por allí se sentiría cercano en este barrio." Al nombrar Vallecas y Madrid se hace obligada la pregunta relacionada con el atentado que tuvo lugar hace ya casi dos años. El semblante de César se ensombrece momentáneamente y le cambia la voz al recordar los hechos. "La verdad es que es muy duro ver cómo es tu barrio el que huele a velas y flores. Es tremendo ver que algunos de los rostros impresos en los periódicos son los mismos que te cruzabas por la calle o familiares de gente cercana".

Toma un sorbo largo de agua y mira fijamente un paquete de tabaco que ha olvidado alguien de los amigos que se han acercado a saludarlo. Lo coge y bromea sobre la ley antitabaco. Me aconseja que no fume, que es malo para la salud. "Por experiencia propia te lo digo". Pero no insiste mucho. Se acerca la hora de cantar y se le ven las ganas de subirse al escenario. Abre la funda de la guitarra y toca algunas notas mientras la afina. Bromea y se arranca por Metallica ante las risas de las mesas de alrededor. Y es que César toma un poco de aquí y de allá. Se mueve como pez en el agua con cantautores de su quinta como Ismael Serrano, con quien compartió escenario cuando ambos comenzaban y con los de la nueva generación. "Son un grupo muy variado y su compañía es gratificante. Cuando me dejan, trato de sentirme como ellos, tengo muy buena relación con muchos de los nuevos". Tras la barra, mezclado con las botellas, hay un taco de discos de portada azul en cuyo título se puede leer: Búho Real. Nueve nuevos artistas. Es un recopilatorio de los jóvenes cantautores que están cantando hoy día en este bar. César, en este caso, no ha participado. Pero sí que lo hizo hace años, junto a Carlos Chaouen o Quique González, nombres más conocidos dentro de la canción de autor en un disco llamado Cantautores: la nueva generación. Mientras termina de afinar la guitarra fantasea con cambiar el escenario acogedor del Búho por una gran plaza como las Ventas. "En todo este tiempo he tenido la suerte de cantar en muchos sitios de grandes y pequeños aforos. No son incompatibles y ambos son satisfactorios". César es una de esas personas a las que no parece que le vaya a cambiar la fama. él mismo es crítico con este aspecto en una de las canciones que más ha dado de que hablar entre los aficionados: Pues será. "La verdad es que no recuerdo la verdad de esta canción. Es una más... Espero que no haya hecho que nadie se moleste, pero si alguien hace suya esa canción, por algo será", dice con una sonrisa pícara que hace que los ojos le brillen aún más. Y es que han sido muchas las interpretaciones que han hecho a raíz de la famosa canción del "Plastautor" que imita el tono de voz del famoso para triunfar. Hay quien asegura que era una crítica amistosa a Ismael Serrano y su parecido con Serrat, otros que es una autocrítica a él mismo, ya que en un principio lo confundían con el citado Serrano. Sea cual sea la interpretación, lo cierto es que la gente acompaña con palmas en los conciertos y todos tienen una sonrisa cómplice en el rostro, cada cual le saca el significado que quiere.
César se levanta del asiento y apura el vaso de agua. Dice algo que no acierto a escuchar, pero intuyo que ha sido algo parecido a "Cuánta gente...". Y es que por mucho que intenten disimularlo, no se puede acostumbrar a los momentos anteriores a los conciertos. "Ojalá que la respuesta siga siendo buena. En todo este tiempo he obtenido buena respuesta, pero eso es algo que habría que preguntarle directamente al público". No hace falta. Sólo hay que mirar las caras de las personas que están en el bar, expectantes, ya impacientes por momentos, porque ya han pasado más de diez minutos desde la hora prevista. Los hay fijos, gente que viene cada vez que escuchan que hay un concierto en el Búho Real. Gente que viene sólo a ver a César, acompañando a un amigo que le ha dicho que hay un cantautor de Madrid que tiene unas canciones muy buenas. Los hay que, como la chica de Córdoba, han venido expresamente para verlo a él, aprovechando quizás un viaje familiar, motivos de trabajo o tal vez, una fiesta en el calendario. Lo cierto es que César no puede quejarse por el trato que recibe desde el público que fielmente acude a sus conciertos.
Me siento mal reteniendo durante más tiempo a la estrella de la noche y así se lo hago saber. César me da la mano sonriendo, me aprieta más de la cuenta, los nervios, supongo. Coge la cejilla de la mesa y sube al escenario. De pronto, ese joven de 28 años con el pelo rapado, barba de dos días y unos ojos glaucos y nerviosos tras las gafas se convierte en César Rodríguez. El cantautor. El foco de luz se enciende, la gente queda en silencio y la magia comienza. Los primeros acordes de En la sombra iluminan todo el local.
Los dueños se animan y salen de las barras [...] echan los cierres, sacamos las guitarras, las voces se templan, todo el mundo se arranca, las banquetas son timbales de manera improvisada... Nombres como Libertad 8, Galileo Galilei o Búho Real son locales de obligada visita para quienes disfruntan de la nueva generación de cantautores madrileños.
Cuando suenan los primeros acordes, el pacto se firma. Todos colaboran para que la noche sea única. Irrepetible. Para que cada concierto sea distinto al anterior. Aunque todos sepan el repertorio. Lo que verdaderamente importa es que estamos entre amigos. Todos conocen esos guiños que lanza César como quien charla en el sofá de su casa. A veces solo, a veces acompañado por otros cantautores, como Ismael Serrano en sus inicios, Antonio de Pinto en los conciertos actuales... Todos viejos amigos con los que compartir la noche. Risas, asentimientos, un comentario de un espectador que concluye en reflexión filosófica... Y una guitarra de fondo, acompañando con sus acordes todo el concierto. No hay más ingredientes. Tampoco hacen falta. Las canciones pasan y el espectáculo llega a su fin, pero no la magia. Después entre copas, alguna que otra canción rezagada hace que la velada sea inolvidable, porque como dice el propio César en su canción, los últimos coletazos de la noche son a veces las mejores fiestas....